EIHEI DOGEN

(1200-1253)


GENJO KOAN
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Cuando todos los dharmas son buda-dharma, hay

iluminación e ilusión, práctica, vida y muerte,

budas y criaturas.


Cuando los diez mil dharmas carecen de yo,

no hay ilusión, ni iluminación, ni

budas, ni criaturas, ni vida ni muerte.


La vía de buda trasciende el ser y el no ser;

por lo tanto hay vida y muerte, ilusión e

iluminación, criaturas y budas.


Y sin embargo, aunque las amemos, las flores se marchitan  y, aunque nos disgusten,

brotan malas hierbas.


Seguir practicando con el yo y comprender los diez mil dharmas es ilusión.


Que practiquen los diez mil dharmas y comprendan al yo,  es iluminación.


Son los budas quienes iluminan  la ilusión.

Son las criaturas las que se ilusionan con la iluminación.


Es mas, están aquellos que alcanzan iluminación

tras iluminación; existen aquellos que

se engañan con la ilusión.


Cuando los budas son verdaderamente budas, uno no necesita

ser consciente de ser buda.


Sea como fuere, uno es el buda realizado y avanza aun más en la comprensión de buda.


Viendo las formas con la totalidad de cuerpo y mente,  escuchando los sonidos con la totalidad de cuerpo y mente, uno

los comprende íntimamente.


Sin embargo, no es como un espejo con reflejos, ni como el agua bajo la luna.


Cuando se comprende un lado, el otro lado esta oscuro.


Estudiar la vía de buda es estudiar al yo.

Estudiar al yo es olvidar el yo

Olvidar el yo es ser iluminado por los diez

mil dharmas.


Ser iluminado por los diez mil dharmas es

liberar el propio cuerpo y mente y los de los otros.


No queda ni rastro de iluminación, y esta

iluminación sin rastro continúa para siempre.

Cuando uno busca por primera vez la verdad, se encuentra muy lejos de ella.


Cuando uno ya se ha transmitido correctamente la verdad a sí mismo, uno es, su yo original en ese momento.


Yendo en barco, si se mira la orilla, uno puede

suponer que la orilla se esta moviendo.

Pero mirando al barco directamente, uno sabe que es el barco lo que se mueve.


Si uno examina los diez mil dharmas con

el cuerpo y la mente confundidos,  uno puede suponer que la propia mente y la naturaleza son permanentes.


Pero si uno practica íntimamente y vuelve al verdadero yo, quedara claro que los diez mil dharmas  existen sin el yo.


La leña se vuelve ceniza, y no se vuelve

leña otra vez.

Pero no supongáis que la ceniza es después y

la leña antes.

Tenemos que comprender que la leña esta en estado de ser leña y tiene su antes y su después. Y, aun teniendo este antes y  después, es independiente de ellos.


La ceniza esta en estado de ser ceniza y tiene su antes y su después.

Asi como la leña no se vuelve a convertir en leña

después de ser ceniza, asi, después de la propia muerte uno no vuelve

otra vez a la vida.


Asi, el que la vida no se convierte en muerte es una enseñanza

ratificada del buda dharma; por esta razón

la vida se llama la no-nacida.


El que la muerte no se convierte en vida, es una enseñanza

confirmada del buda dharma; por ello la muerte

se llama la no-extinguida.


La vida es un periodo en sí misma.

La muerte es un periodo en sí misma.

Por ejemplo, son como el invierno y la primavera.

No pensamos que el invierno se convierte en primavera, ni tampoco decimos que la primavera se convierte en verano.


Alcanzar la iluminación es como la luna reflejándose en el agua.


La luna no se moja, ni el agua se altera.

Aun siendo su luz grande y extensa, la luna se

refleja incluso en un charco de una pulgada de ancho.


La luna entera y el cielo entero se reflejan sobre una gota de rocío en la hierba, en una gota de agua.


La iluminación no altera a la persona, lo mismo que la luna no altera el agua


La persona no entorpece la iluminación, lo mismo que la gota de rocío

no entorpece a la luna en el cielo.


La profundidad de la gota es la altura de la luna.


En cuanto a la duración del reflejo, debéis

examinar la extensión, grande o pequeña, del agua,

Y debéis  discernir la brillantez o palidez de

la luna celestial.

Cuando la verdad no llena nuestro cuerpo y nuestra mente,

pensamos que tenemos suficiente.

Cuando la verdad llena nuestro cuerpo y nuestra mente, nos damos cuenta de que

algo esta faltando.


Por ejemplo, cuando contemplamos las cuatro direcciones desde un barco en alta mar, donde no hay tierra a la vista, vemos solamente un circulo y nada más.

Ningún otro aspecto es aparente.

Sin embargo, este mar no es redondo ni cuadrado y sus cualidades son infinitamente variadas. Es como un palacio. Es como una joya. Solamente parece que es un circulo

a nuestro ojos en ese momento.


Los diez mil dharmas son como esto.

A pesar de que la vida ordinaria y la vida iluminada dan por sentados muchos aspectos, solo reconocemos y comprendemos

a través de la practica aquello que el poder de penetración de nuestra visión puede alcanzar.


Para poder apreciar los diez mil dharmas,

deberíamos saber que, aunque puedan parecer redondos o cuadrados, las otra cualidades de los mares y las montañas son infinitamente variadas; aun más,hay otros universos en todas partes.




Cuando un pez nada en el océano, el agua

no tiene limite, no importa lo lejos que nade.


Cuando un ave vuela en el cielo, el aire no tiene límite, no importa lo lejos que vuele.

Nunca, en ningún caso, un solo pez o ave han abandonado su elemento.


Cuando la necesidad es grande, se usa ampliamente.


Cuando la necesidad es pequeña se usa de modo pequeño.


Asi, ninguna criatura queda nunca escasa de su propia plenitud.


Dondequiera que este, siempre cubre el suelo.

Si un pájaro abandona el aire, morirá de inmediato.

Si un pez abandona el agua, morirá de inmediato,

Sabed entonces que el agua es vida.

Sabed  que el aire es vida.

Que vida es el pájaro y vida es el pez.


Mas allá de estas, hay otras implicaciones y

ramificaciones.


De este modo, hay práctica e iluminación,

mortalidad e inmortalidad.


Asi, si un ave o un pez intentan alcanzar el limite de su elemento antes de haberse movido en el, esta ave o este pez no encontrarán su camino ni su lugar.


En este lugar, la vida diaria de uno es la realización de la realidad ultima (genjokoan).


En este camino, la vida diaria de uno es la realización de la realidad última.

Como este lugar y este camino no son ni grandes ni pequeños, ni son yo ni son otro, ni existen

previamente ni surgen justamente ahora, por todo ello existen asi.


Asi, si uno practica y realiza la vía de buda,

cuando uno obtiene un dharma, uno penetra un

dharma, cuando uno se topa con una acción,   

uno practica una acción.


Como el lugar esta aquí y el camino conduce a todas partes, la razón de que los límites de lo conocido sean incognoscibles es, simplemente, que nuestro conocimiento se produce y se practica con la absoluta perfección del

buda dharma.


No practiquéis pensando que la realización debe convertirse en el objeto de nuestro conocimiento y de nuestra visión y ser aprehendida conceptualmente.


Aun a pesar de que  la consecución de la realización verdadera se manifiesta inmediatamente, su naturaleza intima no es necesariamente comprendida. Algunos podrán comprenderla y  otros no podrán.



  El maestro Pao-ch'e, de Ma-Kushan, se estaba abanicando. Un  monje se acerco y le pregunto, "Señor, la naturaleza del viento es permanente y no hay ningún sitio a donde este no llegue. Entonces ¿porque tiene usted que seguir abanicándose?". 

"A pesar de que comprendes que la naturaleza del viento es permanente", respondió el maestro, "no comprendes el significado de que este llegue a todas partes". 

¿"Cual es el significado de que llegue a todas partes"?, pregunto el monje. 

El maestro simplemente siguió abanicándose. A esto, el monje se inclino con profundo respeto. Esta es la experiencia del buda-dharma y la forma viva de su correcta transmisión. Aquellos que dicen que no deberíamos usar un abanico porque el viento es permanente y por ello deberíamos saber que el viento llega a todas partes sin usar el abanico, no conocen ni la permanencia ni la naturaleza del viento. 

    Es debido a que la naturaleza del viento esta eternamente presente, que el viento del Budismo hace brillar el oro de la tierra y hace  madurar al largo río en pura crema.



Escrito a mediados de otoño del año primero de la Era Tempuku (1233 AC) y entregado a mi estudiante laico Yo Koshu de Kyushu.